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miércoles, 13 de diciembre de 2017

Cristo de la Miel

Acuarela y rotulador, 2017
Dibujo realizado el pasado mes de noviembre en el cementerio de Sevilla, cuando dibujé el mausoleo de Joselito de mi admirado Benlliure. El cristo recibe ese nombre y su plural, de las mieles, por un fallido milagro o más bien por un milagro de la naturaleza, que le hacía llorar lágrimas de miel en la canícula sevillana. Todo producido por un panal de abejas, creado en su oquedad y que el calor hacía salir por sus ojos y también por la comisura de su boca. A sus pies descansan los restos de su escultor, mi también admirado Antonio Susillo, suicidado dicen por un error cometido en los pies de su único cristo conocido.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Cementerio

Témpera y acuarela sobre cartulina, 2017,
La página 13 de mi cuaderno negro es hasta ahora, la única que está dibujada del natural, un apunte sobre fondo negro del camposanto sevillano realizado el pasado sábado, después de mi apunte del Cristo de las Mieles, de Antonio Susillo, sin mover mi asiento, me di la vuelta y dibujé una parte del bosque de cruces blancas entre cipreses verdes.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Mausoleo de Joselito

Aguada de Parker y rotulador, 2017.
Cuando estudiaba primero de Bellas Artes en Sevilla, muchos domingos me gustaba visitar el cementerio de San Fernando y allí encontrarme con el genial monumento que el escultor valenciano Mariano Benlliure modeló a la memoria del torero sevillano Joselito. Me encanta la fuerza de esa escultura, los gestos tristes y dolorosos, la expresividad de las manos, la armonía del conjunto, el contraste entre el mármol y el bronce. No me cansaba de admirarlo pero nunca lo dibujé, hasta ayer, que aprovechando una quedada de los Sketcher sevillanos, tuve la oportunidad. No dibujaba en un cementerio desde que en Mayo de 2010 hice algún dibujo en el Pere Lachaise de París.

jueves, 1 de abril de 2010

Pere Lachaise


Acuarela, 32x20, 2010


Visita al cementerio parisino de Pere Lachaise, donde hay enterrado más de 100 personajes ilustres desde que se abriera por 1805. Aquí el turismo viene buscando las tumbas egregias, desde la profanadísima de Oscar Wilde hasta la más popular de todas por su número de visitas, la de Jim Morrison, llena de flores y paquetes de tabacos.

Muchos músicos, literatos y pintores tienen sus huesos en este rincón y el turisteo pareciera que juega a una gimkana macabra, buscando con sus planitos cuanto más famosos mejor. De las más curiosas, la del periodista Victor Noir, muerto en duelo a los 22 años, y cuya magnífica escultura yacente obra de Jules Dalou, luce bajo el pantalón una gran erección que hace peregrinar hasta el lugar a cientos de mujeres , ante la creencia de que su tocamiento produce fertilidad.

Pero lo mejor de todo no es la memoria de tanto insigne personaje sino la belleza y majestuosidad del lugar, la expresividad y calidad de sus esculturas de piedra y bronces de pálidos verdes, confundiéndose con los verdes de las arboledas y la tranquilidad y sosiego que te transmite el paseo por sus calles.

lunes, 4 de enero de 2010

Camposanto


Témpera sobre cartulina, 33x25, 2010

Nueva visita al cementerio sevillano tras la calurosa del pasado mes de Agosto, ahora con un tiempo más acorde con la Parca, tan presente y tan dueña de todo por estos lares. Tras tratar con los siniestros burócratas asuntos de cenizas y urnas tras territorios caducados, pasamos a buscar el nicho de mi suegro, pero el asunto resultó casi imposible por estar anegadas la mayoría de las calles, que mostraban el mismo abandono del verano y un impresionante apogeo de lo Kistch que contrastaba con la belleza que las aguas habían dado a los arboles y a los bronces, a las viejas piedras con formas de angel y mujeres dolidas. El ambiente de cielos negros y calles solitarias, algún oscuro paragua solitario perdido entre un mar de tumbas blancas tenían esta vez de banda sonora el retumbar de truenos en vez de los desagradables ruidos de las obras veraniegas, y quizás lo peor es que la humedad reinante no era capaz de diluir el fuerte olor a carne quemada.

viernes, 7 de agosto de 2009

Difunto


(Acuarela sobre papel Manila, 23x31, 2009)

Hoy ha sido día de sepelio en el tanatorio de la SE 30: el finado, un viejo amigo de mi suegro, que le ha sobrevivido 26 años. Cuando apenas se ha conocido al difunto, se siente uno un tanto ajeno y distante en estos velorios, un poco estorbo dentro del dolor de los más cercanos.

En el cementerio aprovechamos para informarnos de la situación de mi suegro cuyo nicho parece haber caducado hace seis meses. Una despreocupada y ausente burócrata de la muerte - en el fondo eso son las oficinistas de los camposantos - nos informa del lugar exacto donde se encuentran los huesos y nos da un planito con el cual, como piratas, nos aventuramos a buscar, perdiéndonos bajo el potente sol del agosto sevillano y alucinando ante el gusto Kistch de algunas tumbas y el triste abandono en el que se encuentra el cementerio. Al final lo encontramos al laíto de Don Antonio Machín cuya tumba es famosa porque todos los años, en su aniversario, los cubanos cantan a su lado y le derraman una botella de Ron. Paradójicamente mi suegro murió en la misma habitación en la que, por entonces, agonizaba otro Don Antonio famoso por su voz: Don Antonio Mairena a cuyo cante era gran aficionado.

De la visita al camposanto me quedo con la visión lejana del cristo de la miel de Susillo y la emoción que siempre me embarga cuando veo el genial mausoleo de Joselito de Mariano Benlliure, con las tumbas a sus pies de los Gallos, Sanchez Mejías y Doña Gabriela Ortega.