BLOG PERSONAL DE MANUEL MARTÍN MORGADO.
Se trata de un blog de imágenes, de mostrar mis obras pictóricas y escultóricas, los grabados y dibujos así como las vivencias diarias, las huellas de mis viajes etc.
Tomás Pavón "El Revertito"
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El amigo Alberto de Flamenco de Papel me remite lo que sigue:
"Para mi primo David y quien guste.
En su La Niña de los Peines en la Casa de los Pavón (Sig...
la que se esta liando . ¡Chiquillo!
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Hace dos semanas santa, casualmente grabé este video. Y mi opión es que es
un video curioso. Pero si siguen leyendo verás la que se ha liado,
opinando , o...
El Afinador de Noticias (1998-2000)
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La Caramba
Hace una década escribí una serie de artículos para la revista Alma100 con
el nombre de éste blog. Para aquellos que no los han leído y tampoco ...
PARADELA: CONCURSO HOMENAJE A LA MUJER
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*Llevas un Universo en tus entrañas**preñado de música y de dulzura,*
*una rosa que alimenta esperanzas*
*de transformarse, al sol, en una Luna.*
* Corr...
Sevilla y el sentido del tiempo
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A Juan Diego Martín Cabeza Sevilla fue la primera ciudad de España que tuvo
un reloj público. ¿No les parece extraño, en una tierra en la que nadie
tiene n...
ÚLTIMOS EJEMPLARES
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TRAS EL SISTEMA DE RESERVA ONLINE (qué profesional), SÓLO QUEDAN 8EJEMPLARES A LA VENTA DE ESTE LIBRO, QUE SALE DE IMPRENTA LA SEMANA PRÓXIMA.
EDICIÓN DE 7...
DISAPPOINTING RESULTS
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Mañana de convaleciente. Desde detrás de los cristales del balcón, como una
planta de invernadero, contemplo a los escasos paseantes que cruzan el
parquec...
Nos mudamos
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Nada es para siempre. Me encantó hacer este blog, pero ya tiene sucesor. Primer
aviso es el nuevo blog colectivo de toros en EL PAíS. Ahí os espero .
Goo...
Un motivo para romper el silencio
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NEVER AGAIN! GOD BLESS AMERICA.
*I *O dí tú, puedes ver, con la primera luz de la aurora,Lo que con tanto
orgullo saludamos en el último destello de...
Café Silverio (1875). Actualización
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Actualizamos nuestra entrada del 9-VIII-2010 con una traducción del texto
de Apeles Mestres, cortesía de José Manuel Colubi. Nuestro agradecimiento a
don J...
Por lo que pinta, uno deduce que Manolo Morgado es buena persona: hay que serlo para poner nobleza, dignidad y propiedad en todas y cada una de las figuras que pueblan su abigarrado mundo. Cabría esperarlas en sus toreros y cantaores: la tradición quiere que veamos en ellos ciertas virtudes arquetípicas de la raza. Pero esa especie de austeridad sufrida, reconcentrada, que Morgado pone en toreros y flamencos, la encontramos también en los personajes que toma de la calle o sorprende en la intimidad de sus casas o en el ambiente semiprivado de un bar. Es un mundo doliente, ma non troppo. Un mundo de hombres y mujeres, dentro de lo que cabe, resignadamente felices. Felicidad abierta, descarada, irreflexiva, sólo encuentro en el viajero que corre con su maleta por un andén, al llamado de ese “viajeros al tren” que ya no se oye en las estaciones, pero que seguimos oyendo en nuestra memoria sentimental cada vez que queremos equiparar cualquiera de nuestros viajes rutinarios con el arquetipo del Viaje, la incursión en lo desconocido, la promesa de una vida nueva. Pero los personajes de Morgado, en general, desconfían de esos transportes caprichosos de la imaginación. Saben que el tiempo es espeso como la pasta de la que están hechos, y lo ven correr mientras apuran su copa (en el bar o en casa) o se confunden con la multitud. Hay en todos ellos, incluso en los bajitos y feos, un prurito de estirarse, de sacar pecho y dignidad, de llevar con elegancia sus chaquetas y sombreros o, en el caso de las mujeres, de acomodar sus cuerpos en la atmósfera con la seguridad de quienes se saben vestidas por la luz y el aire y por la mirada ajena. Porque Manolo Morgado es, sobre todo, un mirón, un voyeur. Los mirones ven más que los demás, atisban abismos de intimidad secreta en el pliegue de una falda o en el hueco de un escote, y hacen acopio de esas imágenes arrancadas al azar con no se sabe qué intenciones. La grandeza le llega al voyeur cuando aprende a dirigir esa mirada indiscreta más allá de los pliegues de la ropa o de los mundos privados de las personas que les atraen, y la proyectan sobre la humanidad entera, para descubrir en ella gestos, posturas y abandonos que a los demás nos pasan desapercibidos. Y bien está que así sea, porque sería demasiado oneroso captar la terrible, avasalladora individualidad de todos y cada uno de los seres que se cruzan con nosotros. Ese cometido lo confiamos a la sabiduría, y a la bondad, y al buen oficio, de hombres como Manolo Morgado.
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