BLOG PERSONAL DE MANUEL MARTÍN MORGADO.
Se trata de un blog de imágenes, de mostrar mis obras pictóricas y escultóricas, los grabados y dibujos así como las vivencias diarias, las huellas de mis viajes etc.
Un refugio
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Uno vive de estas cosas. De *Kaplan *en el monte Rushmore. Del maizal con
el avión persiguiéndole. De la música de *Bernard Hermann* en los ...
La Tónica en la Dominante
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Para los que no conozcan los términos básicos de la tonalidad decir que la
tónica es el acorde donde descansa la música tonal, y la dominante el
acorde cuy...
Juanito Valderrama entrevistado por Sempronio
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El 20 de diciembre de 1945 Juanito Valderrama estrenó en Sevilla su
espectáculo
que remató el 2 de enero con una función homenaje en la que presentó
Roman...
OTRA PREGUNTA (o tampoco no tanto)
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Los políticos partidarios de las cargas policiales contundentes contra los
alumnos ¿serían partidarios también de una carga policial contundente
contra lo...
SUBRAYADOS
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Anoto estos versos que me han llamado la atención:
*La perezosa tarde*
*con sombras fugitivas*
*bajaba de los montes*
*en brazos de sí misma.*
Y estos...
El amor en tiempos difíciles
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Si hay un autor literario que a la vez me resulte instructivo y divertido.
Este sin duda es don Juan Eslava Galán. Lo nombro Don, por su gran
clarividencia...
¿Cómo podría arreglar lo de la crisis?
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A Antonio Badía Me encantaría encontrar la solución a la crisis económica
con la misma facilidad con la que soy capaz de localizar a los bisabuelos
de El P...
FEBRERO, UN MES MACHADIANO
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*Soplaban vientos del sur*
*y el hombre emprendió viaje...*
Cumple este *blog* cuatro febreros y, en cada uno de los anteriores
febreros, estas páginas se ...
Nos mudamos
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Nada es para siempre. Me encantó hacer este blog, pero ya tiene sucesor. Primer
aviso es el nuevo blog colectivo de toros en EL PAíS. Ahí os espero .
Goo...
Otra vez
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Otra vez febrero te hala del cuello de la camisa y te pasea por Cádiz al
vítore del 1812, con parada en La Viña o ese Pópulo que te pide traspasar
cualqui...
Un motivo para romper el silencio
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NEVER AGAIN! GOD BLESS AMERICA.
*I *O dí tú, puedes ver, con la primera luz de la aurora,Lo que con tanto
orgullo saludamos en el último destello de...
Café Silverio (1875). Actualización
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Actualizamos nuestra entrada del 9-VIII-2010 con una traducción del texto
de Apeles Mestres, cortesía de José Manuel Colubi. Nuestro agradecimiento a
don J...
Por lo que pinta, uno deduce que Manolo Morgado es buena persona: hay que serlo para poner nobleza, dignidad y propiedad en todas y cada una de las figuras que pueblan su abigarrado mundo. Cabría esperarlas en sus toreros y cantaores: la tradición quiere que veamos en ellos ciertas virtudes arquetípicas de la raza. Pero esa especie de austeridad sufrida, reconcentrada, que Morgado pone en toreros y flamencos, la encontramos también en los personajes que toma de la calle o sorprende en la intimidad de sus casas o en el ambiente semiprivado de un bar. Es un mundo doliente, ma non troppo. Un mundo de hombres y mujeres, dentro de lo que cabe, resignadamente felices. Felicidad abierta, descarada, irreflexiva, sólo encuentro en el viajero que corre con su maleta por un andén, al llamado de ese “viajeros al tren” que ya no se oye en las estaciones, pero que seguimos oyendo en nuestra memoria sentimental cada vez que queremos equiparar cualquiera de nuestros viajes rutinarios con el arquetipo del Viaje, la incursión en lo desconocido, la promesa de una vida nueva. Pero los personajes de Morgado, en general, desconfían de esos transportes caprichosos de la imaginación. Saben que el tiempo es espeso como la pasta de la que están hechos, y lo ven correr mientras apuran su copa (en el bar o en casa) o se confunden con la multitud. Hay en todos ellos, incluso en los bajitos y feos, un prurito de estirarse, de sacar pecho y dignidad, de llevar con elegancia sus chaquetas y sombreros o, en el caso de las mujeres, de acomodar sus cuerpos en la atmósfera con la seguridad de quienes se saben vestidas por la luz y el aire y por la mirada ajena. Porque Manolo Morgado es, sobre todo, un mirón, un voyeur. Los mirones ven más que los demás, atisban abismos de intimidad secreta en el pliegue de una falda o en el hueco de un escote, y hacen acopio de esas imágenes arrancadas al azar con no se sabe qué intenciones. La grandeza le llega al voyeur cuando aprende a dirigir esa mirada indiscreta más allá de los pliegues de la ropa o de los mundos privados de las personas que les atraen, y la proyectan sobre la humanidad entera, para descubrir en ella gestos, posturas y abandonos que a los demás nos pasan desapercibidos. Y bien está que así sea, porque sería demasiado oneroso captar la terrible, avasalladora individualidad de todos y cada uno de los seres que se cruzan con nosotros. Ese cometido lo confiamos a la sabiduría, y a la bondad, y al buen oficio, de hombres como Manolo Morgado.
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